Sobre volcanes egeos, plagas, báculos y Kemet de por medio

Moises

LAS PLAGAS BIBLICAS SEGÚN LA CIENCIA

Observo en el ciberespacio que la gente se sigue preguntando por las plagas del éxodo, incluso, hay quienes dudan con respecto a sí solo fueron diez; pues mira que bien… ¿No son suficientes?…

Intentaré ponerme en situación y no tomármelo con excesiva sorna, porque la cosa lleva lo suyo, que no es poco. De entrada, hay que recordar cuáles fueron las diez plagas de Egipto y buscar un nexo en común.

Obviamente, al tratarse de algo “serio” hay que ponderar una elucidación “seria”; las flechas deben apuntar sobre fenómenos geofísicos. En otras palabras, al del báculo, que le den por llevar barba… ale, con dos mojones…

Una explicación de imperturbable pereza científica señaló como causa inequívoca de las plagas bíblicas en Egipto, la erupción de un volcán; concretamente, uno situado en la isla Santorini (en Grecia, el terruño de Leónidas y sus archiconocidos 300 acólitos armados hasta en las caries dentales).

Pues al parecer, allá por el 1.500 antes de nuestra era (la cristiana, mal que pese en estos tiempos), la erupción del aludido volcán, provocó de todo, sobre manera, un terremoto de la leche en verso alejandrino con los correspondientes escapes de dióxido de carbono; y claro, con lo grande que es el mare nostrum, va y le toca el palico más corto a Kemet y por aditamento, al Nilo.

Es decir, esos escapes al entrar en contacto con las aguas del río eterno, mira por donde, se formó hidróxido de hierro, lo que volvió el agua de color rojo (ale, ya tenemos la primera plaga y sin pestañear; con dos mojones).

Resulta que sin oxigeno los animales fluviales de las escamas se mueren (pobrecitos), lo que obliga a las ranitas y sapitos a salir de las mismas jalando leches porque a diferencia de los peces, éstas tienen ancas y no son tan gilipollas como para quedarse en las aguas; los batracios por quórum deciden salir todos juntos y se produce un éxodo masivo, el de los anuros. (ale, segunda plaga)…

Y claro, los kemetianos (antiguos egipcios de entonces) al ver tan ingente cantidad de anfibios a su puñetera bola, fliparon en monocolor sin necesidad de abusar del “pedojil” de la época…

Obviamente, como es sabido, la privación de agua limpia, pura y cristalina conduce a piojos, mosquitos y moscas cojoneras que se ceban con los ganados, plantas y vete tú a saber que otras lindezas… (tercera y cuarta plaga, ¡toma ya!… y los mojones siguen vigentes)…

Y ya se sabe que con los insectos llegan las epidemias (fiestukis de las bacterias) que afectan a los kemetianos y sus correspondientes ganados, etc… (quinta plaga)…

Después, el Dióxido de Carbono mezclado con el Aire indujo a la gente a una serie de colapsos que reducirían la circulación sanguínea en la piel causando salpullidos de todo tipo (sexta plaga)… Claro, como está mandao…

Por si fuera poco, cayó granizo con fuego, eso que los científicos llaman granizo volcánico procedente de la erupción en Santorini, por supuesto, ya que cuando la nube de cenizas alcanza la estratosfera, se mezcla con la humedad y forman una piedra muy similar al granizo (séptima plaga).

Así que las bajas temperaturas provocan que nubes de langostas en masa se posen sobre Egipto… (Octava plaga). Vamos, que siempre que se producen bajas temperaturas en esas latitudes, aparecen nubes de langostas como por arte de birlibirloque… ¡Vaya tela!…

Una nube de cenizas de cuarenta kilómetros de altura por doscientos kilómetros de diámetro alcanza el delta del Nilo y provoca oscuridad (novena plaga).

La décima plaga no tiene desperdicio:

“…Tras la ceremonia que Moisés había ordenado realizar a los israelitas y que acabaría siendo conocida como la cena de pascuas, mientras los israelitas celebraban el ritual de pascua, los egipcios dormían, entonces la fuga de gas que había provocado las primeras plagas al fin entro en erupción; el Dióxido de Carbono se filtro a la superficie, y dado que es más pesado que el aire, mataría por asfixia a la gente que dormía antes de disiparse en la atmosfera, como los primogénitos gozaban de privilegios por ser los herederos a las propiedades y demás, dormían en camas egipcias, casi pegadas al suelo, mientras que los demás miembros de la familia dormían en los segundos pisos; y los israelitas, sin darse cuenta de lo que pasaba, celebraban su primera cena de pascua…”

Y claro, después de exponer el científico apólogo, me pregunto: ¿Y Moisés con su báculo de prodigios en mano que tiene que ver con la erupción de un volcán en una remota isla del mediterráneo a 1000 kilómetros de distancia? Lo que no comprendo es como sin ser constatada la existencia de Moisés, se agudiza el ingenio perezoso argumentativo para “asentar” una explicación científica a las plagas de Egipto. No lo comprendo. Ya se sabe, en estos casos mezclar “churras” con “merinas” es la explicación más sencilla…

¡Pos que bien, ahora vas y lo cascas!…

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