La singularidad como desorden

Dos semanas después…

¿Es el umbral de nuestros desórdenes la “pertenencia de singularidad” en cada uno de nosotros?

Todo es valorado no de acuerdo con lo que se cree en cierto momento, sino por su estado y capacidad de desarrollo. Todo lo que hay en la realidad, lo piadoso, lo protervo y aún lo más pernicioso en el mundo tiene derecho a existir; lo que significa que no puede ni debe ser demolido por ningún intermediario.

¿Será quizás tarea de corregirlo y retornarlo al origen, a la fuente primigenia, al núcleo del equilibrio pre-existencial?

Después de todos estos años de bracear entre turbulencias virtuales he observado que cada uno de nosotros codicia manipular a los demás para su propio beneficio, empleando todos los medios servibles e ignorando el hecho de que construye su propia placidez destruyendo la de su prójimo. Es irrelevante cómo justifica cada uno sus acciones, porque nuestros deseos controlan nuestros pensamientos y no viceversa. Cuanto más grande y más importante se cree el sujeto, más siente su singularidad y más inclina su devoción hacia la soberbia…

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