Mercaderes de la Fe a las puertas del Templo

Dos mil años después…

Andaba deambulando una mañana soleada de sábado por mi ciudad natal de la mano de mi mujer (no es cursilería, sino amor) cuando sin preámbulo alguno nos topamos de frente con la Catedral de la gran villa mediterránea.

¿Y si traspasábamos su puerta para contemplar el presunto Santo Grial?

Pues nada, pensado, hecho y allá que fuimos. Cual fue mi sorpresa que en el umbral de la misma puerta del excelso templo, a eso de la una del mediodía, había toda una parafernalia grotesca de individuos e individuas gárrulos que encorsetados en trajes muy finolis estaban allí para cobrar cinco euros por traspasar el templo. No daba crédito.

Casualmente o tal vez no, en ese preciso momento un enjuto hombrecillo de origen latinoamericano (peruano o ecuatoriano, tal vez) se atrevió a cruzar la cordonería reglamentaria que impedía el libre acceso al templo. Uno de esos encorsetados gárrulos se dirigió a viva voz al hombrecillo diciéndole que era necesario pagar para acceder al kodesh ha-kodashim. El hombre se quedó petrificado y sonrojó por su atrevimiento ante tanto gentío allí acumulado; nada menos que atreverse a cruzar el umbral sin previo pago cuando seguramente su intención era la de orar según sus creencias católicas, apostólicas y romanas en aquel magnifico templo. ¡Menudo atrevimiento! Con la cabeza gacha y una expresión de no comprender nada, abandonó el lugar.

Un reconcomio de indignación se apoderó de mi ánimo, como también, del ánimo de mi mujer. Una vez más, los mercaderes habían tomado el templo para hacer de las suyas, es decir, lo único que saben hacer: acumular riqueza a costa de la fe.

“La Catedral es la Iglesia Madre de la comunidad cristiana en Valencia. Dedicada al culto de Dios Padre, acoge a todos los creyentes y hombres de buena voluntad. La Catedral no es un museo, aunque en ella hay muchas cosas interesantes que contemplar”

Pues así reza la página de inicio de la Web Oficial de la Catedral de Valencia. Todo un ejemplo descarado de fariseísmo y vete tu a saber que más lindezas que ahora huelgo mencionar. Y si, ciertamente, acoge a todos los creyentes y hombres de buena voluntad; una voluntad predispuesta a desembolsar cinco euros porque al parecer, la crisis también afecta al Dios Padre…

¡Una vergüenza!

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