El “Misterio” de Fomento

…Nieve copiosa…

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La Nevera de Montse

…A Magdalena Álvarez se le caen los puentes, se le paralizan los trenes, se le colapsan los aeropuertos, se le insubordinan los profesionales de éste o aquel ramo. No a mí. Por tanto el PSOE en vez de aparentar escandalizarse haría bien en decirnos cuándo dimite la Ministra…

La Ministra de Fomento es un chiste de muy mal gusto, entre otras cosas porque la pagamos de nuestro bolsillo. No me representa ni como mujer (ya ven a lo que conduce lo de la cuota…) ni como andaluza (lo soy, al menos en un 50 por ciento de mi sangre, les duela o no a algunos renegados de lo que son), ni como española, porque siento vergüenza de que por ella desde fuera puedan creer que somos así en España. Hay más como ella en el Gobierno, de hecho incluso en los que dicen las encuestas que aprueban en la valoración ciudadana no seríamos capaces de encontrar una sola frase lúcida, un gesto que llegase algo más allá del golpe de imagen, una posibilidad de haber hablado a la opinión pública sin un miserable papel-chuleta delante. Hay más como la Álvarez, eso es cierto, y sea cual sea su origen territorial, son el ejemplo más claro de la decadencia que vive la política: una caterva de inútiles en cualquier ámbito de la vida que no sea la misma política, que jamás cotizaron a la Seguridad social, que si lo hicieron fue con paso breve y vergonzante resultado. Una generación política decadente y cobarde, pues excepto en el caso del Ministro Corcuera, jamás ninguno fue capaz de dimitir cuando no estuvo a la altura de sus responsabilidades.

Esos falsos indignados por mis palabras, la mayor parte blogueros enviados por su partido a distraer la atención y marear la perdiz, ellos y unos cuantos políticos sin cuota de pantalla prestos a ganarla a cualquier precio, no son andaluces de verdad. Esos politiquillos de tres al cuarto que se ofenden por mi burla del acento chulesco y atragantado de la Ministra, agigantado en su incomprensibilidad por el hecho de ser andaluza y, por tanto, rápida, me hacen pensar en lo que dirían si yo me ofendiese por el modo, parecido, pero en “polaco”, en que habla Joan Tardà. Y es lo mismo. Con un acento u otro, con mayor o menor rapidez en la emisión de los fonemas el problema es el fondo. El analfabetismo político. Y el mediático, porque es igual de triste ver a los medios de comunicación convertir en noticia esta tontería, como la del traje y el maquillaje, la barriga fetal o el implante de pelo. La cuestión, con la connivencia de unos medios de comunicación que han perdido su sentido originario es seguir corriendo cortinas de humo sobre la realidad punzante, sobre los millones de parados, sobre el crecimiento exponencial de un sector público absolutamente insostenible en momentos como éste, sobre las nóminas de amigos que van mermando nuestra capacidad de consumo, con grave y acumulado quebranto de la economía productiva, todo ello bien trufado de mentiras como la del gasto social. Mírense los bolsillos, el futuro, incluso la panza y pregúntense simplemente si están mejor que hace cinco años. Basta con eso y con las imágenes de Barajas para cambiar el ridículo titular de “Nebrera ofende a los andaluces” por el de de “Maleni ofende a los andaluces y su jefe, a todos los españoles que padecen su mal gobierno, su infinita imprevisión, su caradura excusatoria, su bien urdida red de propaganda presta a taparle las vergüenzas por seguir viviendo del momio.

Mi abuelo ayudó a construir Barcelona hace ya casi un siglo. Mi abuela, que era de Baeza, como él, aprendió a leer y a escribir sola, a pesar de la condena de analfabetismo que su padre había cernido sobre ella por el hecho de ser mujer. Fue capaz de comprar su piso cuando los arrendadores echaron los inquilinos de casi todo el inmueble a la calle, allá por los años 50. Había sido capaz, con un solo sueldo y cinco bocas que alimentar, de ahorrar las cuatrocientas mil pesetas que asombraron a todos. Esos andaluces, como tantos otros que conozco no se ofenden por mis palabras, se entristecen por tener que asumir que una paisana suya les deje en tan mal lugar. Como les dejan en mal lugar todos los que con ella hacen piña por un mal entendido patriotismo de baja mesa. ¿O es que son mejores los andaluces que los extremeños, éstos que los gallegos o los asturianos que los vascos? ¿O es que el nacionalismo es algo más visceral de lo que algunos quieren creer?

Dentro de cien años nadie se acordará de ella, ni de ministro alguno de este Gobierno de chiste, con aprendiz de brujo al frente, permanentemente convencido a la vez de estar en posesión de la verdad y de que la verdad es un fenómeno contingente que depende de lo que diga la mayoría. Nadie se acordará de ella, ni de mí, de casi nadie. Pero tal vez se recuerde que este fue el momento en que una generación de personas con voluntad de servicio, sin miedo al sistema podrido (tal vez porque nada tienen que perder) decidió dar un paso al frente y desafiar los “exotismos”: el color, el acento, el sexo, el origen, factores determinantes en el final de un tiempo. En el que viene ha de imponerse la rectitud de miras, el conocimiento, la sabiduría fraguada en la experiencia, el coraje de no callar y el amor por la verdad y por las personas. Y ahí, os lo aseguro, quienes hayamos sido capaces de fijarnos en el fondo de las cosas, nos encontraremos.

http://www.montsenebrera.cat/blog/

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