Ramas de un mismo árbol

A los hijos de la ancestral Canaan (Palestina), musulmanes, judíos y cristianos que sufrieron y murieron por ella

***

SEGÚN LO ENTIENDO

• Israelíes son los ciudadanos del Estado de Israel, en su gran mayoría de religión judaica.

• Judíos (Israelitas) son todos cuantos profesan el judaísmo, sin consideración de su nacionalidad.

• Palestinos son una nación de habla árabe, oriunda de Palestina, descendientes de las poblaciones más antiguas del país, cuya sangre se mezcló con la sangre de los múltiples invasores (amorreos, arameos, hititas, asirios, babilonios, persas, griegos, romanos, árabes, cruzados, egipcios, turcos, etc), en su mayoría musulmanes, pero también cristianos de diferentes confesiones.

• Árabes son todos los que hablan el idioma árabe, pertenecientes a naciones de los más variadas (sirios, sudaneses, marroquíes, palestinos, iraquíes, etc).

***

LA MEMORIA DEL ÁRBOL SEMITA

Desde tiempo inmemorial existía en Jerusalén una costumbre emocionante: los niños judíos y musulmanes nacidos en el mismo barrio y en la misma semana eran tratados por sus familias como hermanos de leche: el niño judío era amamantado por la madre musulmana y el niño musulmán por la madre judía. Esta costumbre establecía relaciones íntimas y duraderas entre las dos familias y las dos poblaciones. La costumbre cayó en desuso…

Esta referencia refuta el mito de la enemistad tradicional entre judíos y árabes. La historia, hasta la nefasta invención del Oriente Medio por los europeos durante el siglo XIX, no había conocido conflictos serios entre ellos. Muy al contrario, estas dos ramas de la raza semítica habían vivido durante muchos siglos pacíficamente, una al lado de otra, habían tenido el mismo destino, habían sufrido las mismas contrariedades, particularmente en Tierra Santa…

El antisemitismo es una invención de occidente. Tiene sus hondas raíces en el mundo grecorromano, y las primeras persecuciones de judíos tuvieron lugar en la Alejandría helenística. Se intensificaron durante el oscurantismo medieval, cuando el pueblo judío fue difamado, atribuyéndosele el asesinato de Jesucristo. Cuando los cruzados conquistaron Jerusalén el año 1099, pasaron a cuchillo no sólo a los habitantes musulmanes, sino también a los judíos, en una de las matanzas más horrorosas de la historia. Y durante los siglos que siguieron, los países musulmanes fueron refugio para sus hermanos israelitas perseguidos en Europa…

Las víctimas de la inquisición española (los llamados sefardíes) huyeron a los países árabes de África del Norte y hasta Egipto y el Oriente Medio, donde fueron recibidos fraternalmente. Des la misma manera este mundo árabe fue en el siglo XIX refugio para los judíos que escaparon de las persecuciones en la Europa central y oriental, de aquellas horribles matanzas en Polonia y en Rusia. Con toda razón la enciclopedia hebraica, en su edición española de 1936, podía escribir: “Durante varios siglos los países islámicos fueron la verdadera salvación para los judíos europeos”…

Todavía entre las dos guerras mundiales, en Marruecos y en Túnez hasta después de 1945, hubo judíos que figuraron como ministros en los gobiernos árabes. Durante la segunda guerra mundial, el bey de Túnez y el Rey de Marruecos emplearon todos sus esfuerzos para proteger a sus súbditos judíos contra las leyes racistas del régimen de Pétain. Y el autor judío Eric Rouleau escribió en el prólogo al libro del autor sirio Sami Al Yundi, Juifs et Arabes, que, como judío que pasó su infancia y juventud entre los árabes se puede atestar que el antisemitismo es completamente ajeno a las tradiciones y a la mentalidad de los pueblos de Oriente Medio.

Las relaciones entre los dos pueblos hermanos fueron envenenadas en Tierra Santa sólo en este siglo XX, y únicamente por las potencias europeas. En primer lugar por los Ingleses, que dispusieron de un país que no les pertenecía, para lograr sus objetivos imperialistas en la región, y todavía más por los nazis alemanes, que fomentaron el odio de los árabes contra los sionistas, para sus funestos designios. El resultado es la tragedia a que hoy asistimos: esa lucha fratricida entre dos pueblos que se desprecian y hasta niegan su hermandad.

Hoy, dos naciones reivindican el mismo país. La primera se llama la tierra de Israel, y la otra Palestina. Ambas están firmemente convencidas de su derecho. Israel, dicen los israelíes, está en sus tierras, las de sus antepasados; los palestinos afirman lo mismo. Y ambos tienen razón. No obstante, hace cincuenta años (más en nuestros días) ni la una ni la otra eran naciones; los palestinos eran súbditos otomanos, formando parte de la gran Siria, y los actuales israelíes eran súbditos y ciudadanos de los diferentes Estados en que vivían. Como resultado de los acontecimientos de estos 50 años se transformaron, sin embargo, en dos naciones; los israelíes pasaron a ser dueños de su nuevo Estado, y también los palestinos llegaron a formar una nación auténtica, por su destino particular durante ese tiempo, completamente distinto del de todos sus vecinos árabes.

Entre todas las naciones árabes, los palestinos fueron la única nación donde el aireado derecho a la autodeterminación de los pueblos no logró triunfar. Cada una de las dos naciones afirma que la otra es parte de unidades mayores. Los israelíes dicen que los palestinos son árabes y nada más, y los palestinos añaden que los israelíes son judíos sionistas, y nada más. El uso de conceptos inexactos es siempre causa de de no poder entenderse, y el no entenderse provoca conflictos.

Historia de Palestina– (Rolf Reichert)

Anuncios