Amistad y Libertad

Y un joven le dijo: Háblanos de la Amistad

A lo que El Profeta respondió así:

Vuestro amigo es la contestación a vuestras necesidades. Él es ese campo en el que sembráis con amor y cosecháis con agradecimiento. Y él es vuestra mesa y vuestro hogar. Porque os aproximáis a él con vuestra hambre, y buscando la paz.

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Cuando vuestro amigo revele su mente no temáis el “no” en vuestra propia mente, y tampoco guardéis el “sí” . Y cuando este silencioso que no cese vuestro corazón de escuchar al suyo. Pues aun sin palabras, en la amistad, todos los pensamientos, todos los deseos, todas las esperanzas brotan y son compartidas con ese placer que no necesita palabras. Cuando os apartéis de vuestro amigo, no os entristezcáis. Porque lo que en él amáis más, quizá se vea más claro en su ausencia al igual que la montaña es más clara para el montañes contemplada desde el llano. Y no permitáis que exista interés alguno en la amistad, a excepción de cuanto signifique profundizar en el espíritu. Pues el cariño que busca algo que no sea la revelación de su propio misterio no es cariñoso sino una red que se lanza hacia adelante, y con la que solamente pescamos lo inútil.

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Y haced que lo mejor de vosotros sea para vuestro amigo. Si él ha de conocer el flujo de vuestra marea, permitidle que también conozca su reflujo. Porque ¿qué clase de amigo es al que sólo buscáis cuando deseáis matar algo de tiempo? Buscadle cuando dispongáis de horas por vivir. Porque las suyas colmarán vuestra necesidad, más no así vuestro vacío. Y en la dulzura de la amistad hallaréis la risa y la participaréis en aquello que es grato. Pues en el rocío de las cosas pequeñas, encuentra el corazón el frescor de su mañana.

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Y un orador dijo: Háblanos de la Libertad

Y El Profeta respondió:

A las puertas de la ciudad y junto al fuego de vuestro hogar os he visto postrados adorando vuestra propia libertad. Como los esclavos se humillan ante el tirano y le alaban aunque los asesine. ¡Ay, en el bosque del templo y en la sombra de la ciudadela he visto a los más libres usar su libertad cual yugo y esposas! Y mi corazón sangró; porque tan sólo podréis ser libres cuando hasta el mismo deseo de buscar la libertad se convierta en un arnés, y dejéis de considerar a la libertad como un fin y el logro máximo de una aspiración.

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Seréis libres cuando vuestros días no transcurran sin alguna preocupación ni vuestras noches sin algún deseo y algún pesar. Pero más bien cuando estas cosas se ciñan a vuestra vida y, a pesar de ello, os elevéis por encima de ellas desnudos y libres.

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Y ¿cómo os alzaréis por sobre vuestros días y vuestras noches, a menos que rompáis las cadenas que en el despertar de vuestra comprensión habéis atado en torno a vuestra hora meridiana? En realidad, eso que vosotros llamáis libertad es la más poderosa de esas cadenas, aunque sus eslabones resplandezcan al sol y deslumbren vuestros ojos.

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Y ¿qué‚ es la libertad sino pedazos de vuestro propio ser que podríais desechar para llegar a ser libres? Si es una ley injusta la que queréis abolir, esa ley fue escrita por vuestras propias manos sobre vuestras frentes. No podréis derogarla quemando vuestras legislaciones ni lavando la frente de vuestros jueces, aun volcando el mar sobre ellos Y si se trata de un tirano al que, deseáis destronar, mirad primero que el trono que le habéis erigido dentro de vosotros quede destruido. Porque ¿cómo puede un tirano gobernar al libre y al orgulloso, si no es con el despotismo que existe en su propia libertad y la vergüenza en su propio orgullo? Y si es una preocupación la que deseáis desterrar de vosotros, esa preocupación ha sido elegida por vosotros, pero sin que os haya sido impuesta. Y si es un temor el que deseáis disipar, la raíz de ese temor se encuentra en vuestro corazón y no en manos del que teméis.

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Realmente todas las cosas se agitan dentro de vuestro ser en un semiabrazo constante, lo ansiado y lo temido, lo asqueroso y lo que se estima, lo perseguido y aquello que deseáis evitar. Todas estas cosas se mueven en vosotros como luces y sombras, como parejas en amorosa unión. Y cuando la sombra desaparece y deja de existir, la luz a que estaba unida se transforma en sombra para otra luz. Y asimismo vuestra libertad cuando pierde sus cadenas se convierte automáticamente en cadena de una libertad mayor.

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