Egypt lives in your heart

EL TELAR DE LA MEMORIA

En ocasiones, me reconfortaba escuchar a distancia las conversaciones de compatriotas encandilados ante los monumentos y templos… Recuerdo a dos mujeres de Madrid que visitaban el valle de los reyes en grupo organizado. Curiosamente éstas permanecían aisladas del grupo y mientras éste se introducía en las tumbas, ellas observaban el entorno desde uno de los montículos que divisan el valle. Aquel día, no estaba solo…

En aquella ocasión de mi visita al Valle de los reyes me acompañaba, Muhammed, un afable nativo de Luxor, que hablaba un inglés tan precario como el mío, el cual conocí en un bar de la ciudad el día anterior. ¡Conectamos al instante! ¡Esa misma noche conocí a su familia y dormí bajo su techo! ¡Entrañable experiencia! Al día siguiente, pisaría el Valle de los Reyes…

Mi entrada al Valle de los Reyes fue como un ritual de iniciación. Mi deseo era pisar aquel lugar. Eso me bastaba. Penetrar en el interior de las tumbas no estaba dentro de mis planes. Antes de iniciar mi viaje prometí no profanar ni hollar tumba alguna con mi presencia. Después de recorrer el Valle de un extremo a otro e identificar cada una de las tumbas, me percaté de la presencia de estas dos mujeres. Muhammed no era él, era mi sombra. La curiosidad me venció. ¿Qué hacen ahí esas dos mujeres solas, separadas del grupo de turistas y hablando en castellano? ¡No me pude resistir!

Lentamente me acerqué a ellas. Me aproximé de forma natural y confundiéndome con un nativo –mi tez estaba completamente tostada por el sol y una negra barba apenas dejaban al descubierto mis ojos y nariz- una de ellas me lanzó un ¡La, sukran! (no, gracias) tan arrollador que me detuve al instante y a unos escasos tres metros de donde estaba. Muhammed, por el contrario, no lo hizo y con ademanes propios de un egipcio representó su papel de pedigüeño. ¡Estuve a punto de estallar a carcajadas! Por suerte, Muhammed, de pequeña estatura y aspecto cómico, no intimidó a las dos mujeres, las cuales insistían en pronunciar, ¡la, sukran!. Una de ellas, la más alta y de cabellos rubios, llegó a comentarle a su compañera a viva voz:

-¡No les hagas caso, estos son tontos del culo…!
-A lo que repliqué: ¡Tontos tal vez, pero no del culo…!
-¡Hablas castellano!, replicó sorprendida…
-¡Soy español!, le transmití con una sonrisa.
-¿Español?… pues por tu aspecto nadie lo diría… ¿Y el otro?
-Es Muhammed y éste si que es egipcio. Le respondí…

Su compañera, algo más baja y de tez morena, pelo negro azabache y ojos verdes como esmeraldas, permanecía algo atónita por el desenlace, hasta que se plantó delante de mí, me miró a los ojos fijamente y me preguntó…

-¿Cómo te llamas?
-Jesús, le respondí.
-¿Y que haces vestido de esa guisa?
-¡Es un poco largo de explicar!
-¿Conoces el Valle de los Reyes? ¿Has visto las tumbas?
-Es mi primera vez… pero, disculpa… ¿te llamas?
-¡Belén! Y esta es mi amiga Elena, somos de Madrid.
-¡As salam aleykum, Belén…! No, no he visto las tumbas, ni lo haré jamás…
-Entonces, ¿Qué haces aquí, Jesús?
-¡Solo escucho al viento hacerse viento en compañía de un amigo!
-Extraña respuesta, aunque tu voz me resulta familiar…
-Sukran, Belén…
-¿Hablas árabe? –preguntó sorprendida-
-¡No, apenas unas palabras de aquí y allá y las que añade Muhammed a mi vocabulario!
-¿Sabes, Jesús? Nosotras tampoco queremos entrar en las tumbas y esperamos la salida del grupo… ¡Es un lugar maravilloso! ¿No crees?
-¡Es más que eso, Belén! ¡Es la morada de eternidad de algunos de los más grandes Reyes de Egipto! Sin embargo, aquí en el Valle se percibe una extraña sensación de incertidumbre; Muhammed me ha dicho que son los “genios” del desierto en busca de… Bueno, ya sabes, superstición, pero lo cierto es que un “algo” deambula errante entre lo invisible…

Belén, con los ojos abiertos como platos oteaba las colinas en busca de esa presencia invisible. Elena, se acercó a Belén y le susurró algo al oído. Belén se giró, me miró a los ojos y…

-Elena, quiere volver con el grupo y yo no puedo dejarla sola, nos hemos de ir hacia abajo, pero antes me gustaría hacerte una última pregunta, ¿Quién eres en realidad?

Aquella pregunta fue como una ducha de agua hirviendo en aquel escenario donde la fuerza de Atón ya era más que suficiente para soportar. Permanecí unos segundos en silencio con la mirada puesta en aquellos ojos verdes esmeralda que no retrocedían ante mi insistente mirada. Cuando comprendí su intención le respondí.

-Solo soy un viajero que busca respuestas, no hay otra realidad ni misterio alguno. Os deseo una feliz estancia en Egipto y también suerte para encontrar vuestras respuestas… ¡Hasta siempre!

Elena, algo intranquila y sin saber porque, inició el descenso hacia las tumbas del Valle. Belén, me concedió una última mirada y se despidió con una sonrisa. Yo le correspondí y llevándome mi mano derecha hacia mis labios y después al corazón, le ofrecí mi mejor deseo de paz durante su estancia en Egipto. En aquel instante, mi sombra, es decir Muhammed, puso su mano sobre mi hombro y me sonrió, aquel gesto de entrega hacia una desconocida le reveló algo que no conocía de mí. Sus palabras fueron para mi como un bálsamo después de aquella curiosa y fugaz experiencia…

-Egypt lives in your heart, my friend… now we must continue…

Anuncios