¿Navi… que?

¡SALVE, CONSUMO!

Con un año más a la espalda, observo como la festividad conocida como NAVIDAD nada tiene de devota y mucho menos, de cristiana; la que da sentido a la fecha y rememora el nacimiento de Jesucristo… Sospecho que presumiblemente esta festividad no haya hecho más que retornar a sus orígenes, a los tiempos idólatras (paganos) de celebrar la muerte de un ciclo y el nacimiento de otro. Y mira por donde, ese momento coincide con el día más corto y la noche más larga del año, cuando a partir de ese instante, la luz comienza a ganar tiempo a las tinieblas; en definitiva, lo que se conoce como: solsticio de invierno…

Hoy por hoy, España es laica hasta la avaricia, así que el verdadero dios de esta celebración innecesaria, según la entiendo, se llama “consumo”. Al parece hay que consumir hasta empalagarse, incluso contrayendo deudas o gastando los peculios acumulados para tiempos de escasez. Es tan absurdo el despilfarro que da la impresión que se conmemore el fin del mundo o del propio individuo o núcleo familiar… Pero, ¿Por qué?…

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