Zarra: miércoles 29 de octubre

ULTIMA HORA

Zarra despertó sobresaltado cuando a primera hora de ayer salió del anonimato. La noticia corrió como la pólvora y removió las entrañas de la pequeña población del Valle de Ayora en la que residen poco más de 500 habitantes. El alcalde, el independiente Juan José Rubio, y su hijo, Sergio Rubio, constructor de la localidad había sido detenidos por presuntos delitos urbanísticos. Eran las 7 de la mañana cuando la plaza del Ayuntamiento de Zarra registraba una inusitada actividad. La Guardia Civil había detenido al alcalde y a su hijo por su supuesta implicación en delitos urbanísticos, concretamente contra la ordenación del territorio y prevaricación, según precisaron fuentes del Instituto Armado y de la Fiscalía de Valencia. Anticorrupción extendió una denuncia en 2006 contra el alcalde, su hijo y otras siete personas. El PP había llevado a los tribunales la compra de unas naves de la empresa municipal por parte de la mercantil Telyzan, propiedad del hijo del alcalde. En su escrito, los populares alertaban de que el consejo de administración de la firma pública había beneficiado al vástago de la primera autoridad. Los populares de Zarra notificaron posteriormente a la Fiscalía que el pleno había aprobado 20 licencias de obra para que Telyzan construyese en parcelas rústicas. Un juez de Requena, funcionarios judiciales y la Guardia Civil trabajaron ayer desde el amanecer hasta el ocaso registrando la casa del alcalde y las dependencias del ayuntamiento. Mientras el hijo de la primera autoridad permanecía arrestado, Juan José Rubio estuvo presente en los registros, tanto de las instalaciones municipales como de su domicilio. Mientras tanto, la plaza del Ayuntamiento fue un hervidero de acólitos del regidor y detractores suyos. Ni siquiera el mal tiempo disuadió a los vecinos. “Hubiera venido más gente si no lloviese”, señalaba uno de los presentes, que como muchos otros, prefirió omitir su nombre. Simple precaución, no querían líos. Eran las 15 horas cuando el alcalde de Zarra salió esposado del Ayuntamiento. Momento de tregua. Las calles de Zarra quedaron desiertas y el síndrome del mutismo se apoderó de los pocos vecinos que deambulaban cabizbajos por el pueblo. “Se veía venir algo así porque el alcalde tenía muchas denuncias pendientes”, señalaba uno de los más rezagados en acudir a casa a comer. La jornada no había acabado ni mucho menos. Antes del as 17 horas, varios coches oficiales y dos vehículos de la Guardia Civil llegaron a Zarra y subieron la calle que conduce al Ayuntamiento. A bordo iba Juan José Rubio, ya sin esposar. El juez llevó a cabo el registro de un inmueble cuya restauración, según un cartel que colgaba de la fachada, debe ser llevada a cabo por una escuela taller. A 100 metros, en un bar de la plaza, se acantonaban los principales adláteres del actual alcalde de Zarra.

DEFENSORES Y DETRACTORES

“Todo esto ha venido por envidias de algunos que quieren gobernar el pueblo. No son de aquí, vinieron hace cuatro años y desde entonces se acabó la tranquilidad”, señaló una mujer. En contraposición, en la fachada del Ayuntamiento aún se leía una pintada, maltrecha por la lluvia, en la que se espetaba a Juan José Rubio: “Algún día la paz llegará al pueblo, y con ella tu fin”. Tras el registro de la escuela taller, la comitiva se trasladó hasta el domicilio del alcalde, donde el juez y el propietario permanecieron hasta cerca de las 19 horas. En los aledaños de la vivienda estaban una de las hijas de Rubio. La joven reflejaba en el rostro tristeza, desesperación, rabia e impotencia. “Mi padre ha ayudado a los que ahora le acusan. Cuando la gente del pueblo tiene algún problema, siempre acude a él”, señalaba la mujer, indignada porque, casualidad o no, durante los registros de la Guardia Civil de la mañana, según afirmó, alguien desvalijó su casa. La joven señaló que había presentado la correspondiente denuncia ante la Benemérita. La hermana del alcalde también estuvo lo más cerca que pudo de él durante toda la jornada. Obdulia Rubio considera que Juan José Rubio es víctima de una persecución. “Le denuncian por todo. La mala gestión de una persona puso a la empresa municipal al borde del embargo. Nadie quería comprar las naves y al final las adquirió su hijo a un precio más que justo”.

Cuando la noche cayó sobre Zarra, los vecinos se habían recogido en sus casas, pero el pueblo seguía conmocionado. Al cierre de esta edición, el alcalde y su hijo continuaban arrestados.

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