¿Sucedió tal como se reflejó en la Biblia?

“ALGO” NO ENCAJA…

La Biblia relata la historia de Jacob y sus hijos, particularmente la de Josef, con cierto detalle. Los hermanos tenían plena conciencia de ser hijos de un mismo padre y de su diferenciación de los pueblos que los rodeaban. Parecían pertenecer a una estirpe más fresca y vigorosa frente a los prósperos e indolentes moradores de las ciudades de Canaán, y aborrecieron sus prácticas paganas.

Cada ciudad y cada estación tenían su propia deidad, a la que rendían culto en orgías desenfrenadas y ritos de fertilidad, en las que los celebrantes se daban cuchilladas hasta cubrirse de sangre y se entregaban a excesos sexuales. La “sagrada prostitución” era considerada una virtud religiosa, y la magia y la brujería estaban difundidas. El sacrificio humano en ocasiones de niños – era practicado para apaciguar a los dioses.

Jacob y sus hijos rechazaron estas costumbres y su actitud condenatoria puede ser advertida en la legislación bíblica posterior, que fustigó dichas prácticas. Esta conducta impidió que las tribus de Israel se asimilaran a sus vecinos; vivieron una existencia aparte, alejadas de las zonas pobladas, vigilando sus rebaños y buscando el mejor pastoreo.

Tanto Abraham como su nieto Jacob compraron parcelas de tierra a los nativos; el primero adquirió la cueva de Majpelá, en Jebrón, para convertirla en un cementerio familiar, y el último en Síquem (Shjem o Nablus) para establecer una suerte de residencia permanente. Existía cierta fricción entre los hermanos. Reubén era el primogénito, pero Josef fue el primer hijo nacido de Raquel, la más amada de las esposas, que murió joven.

Jacob tenía preferencia por Josef y ello provocaba celos entre los hermanos, quienes lo vendieron como esclavo a Egipto. Josef, después de muchas desgracias y tribulaciones, prosperó allí y se convirtió en virrey del Faraón, dirigiendo las medidas adoptadas para superar una época de gran escasez. La Biblia narra que Jacob y sus hijos, y sus familias, se reunieron posteriormente con Josef en Egipto, escapando del hambre que reinaba en Canaán.

Estas huestes de los hijos de Israel constituyen presuntamente una de las primeras olas de semitas occidentales que llegaron a Egipto en el siglo 19 a.C. No existe evidencia extra-bíblica sobre esta materia. Desde su lecho de muerte en Egipto, bendijo lacob a sus hijos que se hallaban reunidos junto a él y los instruyó para que lo entierren en la cueva de Majpelá, junto a sus antepasados. Josef prometió cumplir el pedido de su padre y antes de su propia muerte hizo el mismo ruego, prometiéndole a sus hermanos que Dios los haría retornar de Egipto a su propia tierra en Canaán.

Después de la prosperidad de que disfrutaron los israelitas en Egipto, en, los días de la influencia de Josef, surgió un rey “quien no conoció a Josef” y receló de la creciente fuerza de los hebreos. Se instituyó una serie de medidas represivas y los hebreos fueron tornaron esclavos del Faraón.

No hay precisión con respecto a la fecha de este episodio. Si se acepta el testimonio de la Biblia al nombrar a Pitom y Ramsés como las dos ciudades construidas por los esclavos hebreos, el Faraón responsable fue Ramsés II (1290-1224 a.C.)

Entre los esclavos comenzó a tomar cuerpo un movimiento de liberación bajo la conducción de Moisés, un hebreo traído a la casa real y que debió huir de Egipto como resultado de sus actividades en favor de los esclavos hebreos. En el exilio de la vecina Midián recibió el llamado de Dios para rescatar a los hijos de Israel de Egipto.

Moisés retornó y comunicó al Faraón el mandato de Dios. El Faraón rehusó satisfacerlo. Sin embargo, después de una seguidilla de diez plagas catastróficas sobre el país, se permitió a los esclavos salir de Egipto. En la Biblia, Moisés es una figura monumental y carismática, cuya humanidad se pone claramente de manifiesto: es el líder militar, el legislador, el administrador público y el intermediario entre el pueblo y Dios, de igual modo que el ferviente pastor de su pueblo.

Después del Exodo, la Biblia relata la grandiosa revelación del Monte Sinaí – cuya indeterminación geográfica promueve aún hoy discusiones -, allí el propio Creador dictó los Diez Mandamientos ante el pueblo congregado y le entregó la Torá, o Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia. Las tribus de Israel erraron por el desierto bajo el liderazgo de Moisés durante 40 años.

Por haberse negado a entrar a la tierra de Canaán, al llegar a sus límites, por temor a sus poderosos habitantes fue condenada toda la generación que salió de Egipto a morir en el desierto. Solo a la nueva generación, que no conoció la esclavitud le fue permitida la entrada a la tierra prometida. Moisés murió y las tribus conducidas por Josué se dirigieron a la conquista de Canaán.

El Éxodo y la Revelación constituyen un evento central en la historia judía. Ellos marcan el nacimiento de la nación judía y el comienzo de su misión espiritual. El Éxodo es celebrado mediante la festividad anual de Pascua durante la cual la historia vuelve a ser narrada y se come el pan ácimo (sin levadura) para recordar el cautiverio y la huída de Egipto. Para los judíos, el Éxodo es el símbolo supremo de libertad.

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